On Being in Love

VIOLET TREFUSIS to VITA SACKVILLE-WEST

1919

Men tiliche,

I have been talking all the evening about Paris —Paris when we first arrived there— Knoblock’s flat —O Mitya*! It makes me drunk to remember it, and the hoard of days, weeks and months we had ahead of us.

I shall never forget the mad exhilaration of the nights I spent wandering about with Julian as long as a live! Even Monte Carlo was not better. As good, but not better. It makes my brain reel to remember! The night we went to the Palais Royal and the night we went to “La Femme et le Pantin” were the happiest in my life. I was simply drunk with happiness. We were just bohemians, Julian and I, with barely enough to pay for our dinner, free, without a care or a relation in the world. O god! I was happy! I thought it would never come to an end. I was madly, insatiably in love with you.

Julian** was a poet sans sou ni maille: I was Julian’s mistress. One day Julian would write great poetry and make money —but, en attendant, we just had enough to live on. I worshipped Julian. The Paris of François Villon, Louise, La Bohème, Alfred de Musset, all jumbled up, lay at our feet: we were part of it, essentially.

As much part of it as the hairy concierge and the camelots who wear canvas shoes and race down the boulevard nasally screaming, “La Petue! La Presse!” and “La Femme et le Pantin.” I lay back in an abandonment of happiness and gave myself up to your scandalously indiscreet caresses, in fully view of the whole theatre!

Not ladylike perhaps! But then I had never known what it was like to be a lady!

Then we drove back in the dark taxi, and the chauffeur smiled knowingly and sympathetically at you. I’m sure he though: “C’est pas souvent qu’ils doivent se payer ça, pauvres petits…” Then the flat, the deserted, unutterably romantic Palais Royal, Julian’s impatience, Julian’s roughness, Julian’s clumsy, fumbling hands… My God! I can’t bear to think of it!

Mitya… Mitya…. How I adored you! Our life, our blessed bohemian life! It can’t be at an end! It can’t. It can’t. I love you as feverishly, as passionately as I did then. I love you with a passion that only increases, never diminishes.

As Professor Ross said to me tonight, you are made for passion, your perfectly proportioned body, your heavy-lidded brooding eyes, your frankly sensual mouth and chin. You are made for it and so am I.

I said to Professor Ross that I thought you were one of the most moral people I knew. He spat with derision: “Pah! With that mouth, with that chin. With those antecedents! Tell me another!” (Professor Ross cheered me up considerably while he was here.)

My beautiful, my lovely, I want you so…

VIOLET TREFUSIS a VITA SACKVILLE-WEST

1919

Men tiliche,

He estado hablando de París toda la noche; sobre la primera vez que llegamos a la ciudad, al apartamento de Knoblock. ¡Mi queria Mitya! Me mareo con sólo recordar todos los días, semanas y meses que teníamos por delante.

Nunca olvidaré, en todos los años que viva, la alocada euforia de las noches que pasé deambulando por la ciudad con Julian. Ni Monte Carlo fue mejor; quizás igual de bueno, pero no mejor. Recordar todo esto hace que me tambalee. La noche que fuimos al Palais Royal y a noche que fuimos a La Femme et le Pantin, fueron dos de las noches más felices de mi vida. Me sentía pletórica. Éramos, simplemente, Julian y yo, dos bohemios, con el dinero suficiente para poder pagarnos la cena, libres, sin preocupaciones ni relaciones en este mundo. ¡Dios, qué feliz era! Pensé que nunca terminaría. Esta loca, insaciablemente enamorada de ti.

Julian era un poeta sin un sólo centavo y yo era su amante. Algún día Julian escribiría magnífica poesía y ganaría dinero pero, mientras tanto, teníamos suficiente para vivir. Adoraba a Julian. El París de François Villon, Louise, La Bohème, Alfred de Musset, todo mezclado, estaba a nuestros pies; éramos parte de todo aquello, básicamente; pertenecíamos tanto como el peludo conserje y los camelots que llevaban zapatos de tela y corrían boulevard abajo gritando con sus voces nasales: La Petue! La Presse! y La Femme et le Pantin! Me reclinaba dejándome llevar por la felicidad y me dejaba hacer por tus escandalosamente indiscretas caricias, ¡a plena vista de todo el teatro! No era el comportamiento adecuado de una dama pero… ¡nunca me habían explicado lo que era ser una!

Después volvimos en un taxi oscuro y el chófer te sonrió cual cómplice, como sabiendo. Estoy segura de que pensó: No es frecuente que tengan que pagar eso, pobrecitas… Y después el apartamento, el abandonado e indeciblemente romántico Palais Royal, la impaciencia de Julian, la rudeza de Julian, las manos burdas y torpes de Julian… ¡Dios mío! ¡No soporto recordarlo!

Mitya, Mitya… ¡Cómo te adoraba! Nuestra vida, ¡nuestra bendita vida bohemia! ¡No puede acabarse! No puede. No puede. Te amo tan fervientemente, tan apasionadamente como lo hacía entonces. Te amo con una pasión que sólo va en aumento, que nunca disminuye.

Como el profesor Ross me dijo anoche, estás hecha para la pasión; tu cuerpo perfectamente proporcionado, tus ojos, con sus párpados pesados y melancólicos, tus sensuales boca y barbilla. Estás hecha para ella, y yo también. Le dije al profesor Ross que consideraba que tú eras una de las personas más éticas que conozco. Él dijo con burla: «Ni hablar, con esa boca, con esa barbilla. ¡Con esos antepasados! ¡Dime otra!» (El profesor Ross me levantó el ánimo considerablemente mientras estuvo aquí.)

Preciosa mía, amada mía, te deseo tanto…


*«Mitya» es diminutivo de «My Dmitri», personaje de la ópera de Borodin, Prince Igor. Violet identificaba su música con Vita. Además, con este apodo masculino, Violet fantaseaba con la posibilidad de casarse con Vita. (Nota de la traductora.)

**Julian es Vita. Cuando en el otoño de 1918 Vita comenzó a escribir su novela Challenge, con la ayuda de Violet, la primera se describía como Julian y Violet era Eve. De ahí que el juego, cuando estaban juntas, continuase. Vita se vestía como un hombre, mientras que Violet mostraba su verdadera naturaleza. (Nota de la traductora.)

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